Ensalada de rúcula

Bruselas no es una ciudad

Rant patrocinado por la banda de botellas rotas de Molenbeek

Bruselas no es una ciudad
Carlos

La cuesta de enero este año es el Tourmalet. En Bruselas las oficinas se han llenado, los trabajadores de las instituciones han vuelto de su descanso navideño en sus países de origen y la brillante luz de los mercadillos navideños ha dejado paso a la oscura, deliciosa y grisácea tonalidad invernal belga que nos obliga a encerrarnos en casa y hacer crochet. Además la nieve ha sepultado Bruselas durante unos días en los que nos ha recordado el verdadero espíritu navideño: el capitalismo es un sistema asesino que no se detendrá ante nada ni nadie y cuyos locos fanáticos harán lo que sea para perpetuar el sistema. Que viva Silvia Federici.

Bruselas no es una ciudad, en serio, es una y diecinueve. Bruselas como ciudad, como ayuntamiento, como código postal, es un barrio dentro de la región de Bruselas que está compuesta por otras 18 comunas. Esto hace que estrictamente hablando la comisión europea no esté en Bruselas sino en Etterbeek, uno de los barrios más adinerados de Bruselas donde además del Berlaymont (la sede central de la comisión) o el parque del Cinquantennaire (donde se exhibe el orgullo patrio sea cual sea) tenemos a la querida Maison Antoine, la fritería más icónica de Bruselas, y trabajadores de las instituciones pastando libremente y yendo de after work en after work. Bruselas es una fachada.

Maison Antoine no es la mejor fritería de Bruselas, todo el mundo sabe que ese honor es de Frit Flagey, pero sus atributos y su fama la siguen manteniendo como la friteria más conocidad de la ciudad: cerca de la comisión, frecuentada por turistas y trabajadores de las instituciones y sirve patatas mediocres pero con mucha cerveza alrededor. Es como el trabajador medio de las instituciones: no tiene mucho que ofrecer, su trabajo es meh pero ya está tan alto en la jerarquía y tanta gente asume que trabaja bien que es imposible echarle. La unión europea se sostiene gracias a becarios con contratos de seis meses.

Repasando y pensando en el hogar, me hace mucha gracia que nadie piensa en Bruselas como el hogar al que volver. Todos tienen sus casas a las que volverán cuando se jubilen o cuando, más probablemente, se les acabe el contrato, pero Bruselas solo es una ciudad de paso. Nadie piensa en establecerse aquí, formar una familia y aprender los idiomas porque no va a durar más de seis meses en la mayoría de los casos. Es una ciudad de paso, ni siquiera una ciudad dormitorio, y hacer amigos en esta ciudad es hacerte fotos con una cámara que no sabes si es recargable o de usar y tirar. Bruselas es mi hogar si consideras el baño de la discoteca tu baño personal.

Cuando no hay sentimiento de pertenencia no hay sentimiento de comunidad y cuando no hay sentimiento de comunidad afloran los gilipollas. Las amistades que elijo las hago pensando en si esa persona se va a quedar más de seis meses, de si piensa en establecer rutinas y planes a medio plazo con nosotros mutuamente en ellos. Quiero hacer amigos, no contactos de LinkedIn. No quiero invertir en una persona que va a desaparecer. Mi mejor amigo se va de vuelta a su país y yo me quedo solo otra vez - se abre perfil en Bumble Friends.

El hogar es donde tienes un par de zapatillas de estar por casa oliendo a tus pies. En Bruselas los becarios se van los jueves a la plaza Luxemburgo a beber cerveza y hacer botellón patrocinado por la ciudad (cortan amablemente la calle para que los chavales camelen seguros) y allí hacen contactos y networking: que si X trabaja en la cámara de comercio de Grecia, que si Y está ahora de prácticas en el council, que si Z está tan borracha que le está tirando los trastos a un Letón gay. La experiencia Bruselense más pura y castiza que existe si tienes los ojos puestos en la career ladder y llevas acreditación para entrar en las instituciones. Plux es el parque Warner para el becario medio de la comisión. En Bruselas eres virgen hasta que vas a plux y trabajas desde casa resacoso el viernes. Nadie en Plux es de Bruselas porque Plux es para la gente que tiene un hogar en otra parte.

Volver a casa, es que siempre es volver a casa. Tus raíces donde tengas acceso al router y tu cuenta de Netflix esté en la tele. Tener hijos en Bruselas es jodido, la baja por paternidad es de un mes solo, las guarderías están tan masificadas que la gente se apunta en el primer trimestre a listas de espera esperando que alguien tenga un aborto espontáneo en puestos superiores y el belgian dream es vivir en un pueblo a una hora de Bruselas que nadie conoce, coger el coche dos veces por semana para ir a la oficina a trabajar y pasar tus vacaciones de verano en el piso de Torevelha, Espagne.

Las raíces en Bruselas y la cuenta de Netflix en la casa en España. La cuenta corriente Belga y el velero amarrado en Port Saplaya. Es muy difícil sentirse parte de una ciudad que nadie entiende como hogar. Mi prima Helena es la única Bruselense que conozco y es madrileña. Ella sabe de qué va el percal, emigra frecuentemente a España como los salmones suben el río (siendo el río tener que viajar con dos gatas en avión) y pasa las vacaciones en sunny Spain. Pero sus raíces diría que están en Bruselas. Su cuenta de Netflix está en la televisión de su apartamento de Etterbeek.

Bruselas es superficial si miras solo a la superficie. Hay comunidades, plataformas vecinales y acciones culturales pero son para los hogareños bruselenses, aquellos que no están en Etterbeek yendo a Plux y cenando con su familia de visita en Maison Antoine. Bruselas becaria y Bruselas seria. Bruselas de escalera laboral y Bruselas de vamos a vivir aquí.

Todo el mundo está de paso y el resto nos quedamos aquí. Hacer amigos es complicado, tener hijos es complicado, el mundo es complicado, por si fuera poco la OTAN tiene sede aquí, así que, en general, Bruselas es complicado. El hogar es una escala de grises, las raíces nos siguen aunque nos las arranquemos y en el fondo soy de mi pueblo, Valencia y Bruselas. Tengo un poco de todo y me muevo como ese ficus que arrastras ya tres apartamentos y se niega a morir. Soy un ficus con cuenta de Netflix.

Al final si haces un esfuerzo tu comunidad aflora. Conoces gente, establecida o con los que ser más amigos que conocidos, más íntimos que superficiales. Te das de alta en el padrón, abres una cuenta bancaria, tienes médico de cabecera y empiezas a mirar casas para comprar en el barrio en el que vives. Conoces al panadero, a la dueña de la cafetería que te gusta y hasta el chico que trabaja en la tienda de ropa de segunda mano.

Leí en un libro de Silvia Federici que la deuda en su más básica concepción, el “ya-te-pago-a-fin-de-mes-que-voy-justo-ahora”, es un instrumento anticapitalista en el que los trabajadores hacían frente a las pésimas condiciones de pago de los dueños de las fábricas. Que la deuda es una herramienta que te da la comunidad y que los bancos, el capitalismo, la ofrece de una manera que te pone a tí solo ante un gigante. La deuda es una herramienta de la comunidad para nutrir la comunidad. En Bruselas la comunidad no existe porque la gente no entiende Bruselas como una comunidad sino como un banco en el que invertir en sí mismos únicamente. El individualismo como forma de crecimiento. No quiero iniciar sesión con mi cuenta en esta tele no sea que use mi cuenta otro.

Comunidad y hogar, hogar y comunidad. Donde están las personas que me importan, mis rutinas, mis gatos y mi vida. Mis relaciones sociales, mis relaciones románticas, mi panadero y mi tienda de ropa. Un día mi madre se enfadó conmigo porque le dije que no había tiempo ese sábado para ir al mercado. Estaba de visita y quería hacer otras cosas. Le dije de ir al centro comercial. No entendía porqué mi madre quería ir con tantas ganas al mercado a comprar. Pero entonces fui con ella y vi que, en realidad, el mercado es uno de los motores sociales del pueblo. La gente se encuentra, hablan, conversan, quedan… te pones al día, haces la compra y das las buenas nuevas. “Mi hija ha encontrado trabajo”, “Al final salgo de cuentas el mes que viene”, “A mi hermano lo han operado y está ingresado” y supongo que también, en algú puesto algún día de noviemnre en 2022: “Mi hijo se muda a Bruselas”.

Bruselas es una fachada. Pero detrás de la fachada hay gente viviendo en ese edificio. Puedes quedarte mirando la fachada o entrar y conocer a la gente que vive dentro. Mudarte allí, establecer tu vida, conocer a tus vecinos, construir amistades, no olvidarte de tu trabajo y comprarte una tele de segunda mano e iniciar sesión con tu cuenta de Netflix.

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Carlos

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