Estoy cansado todo el puto tiempo
Dentro de mi hay dos lobos y los dos tienen dolor de espalda y falta de sueño
Jan 4, 2026
No puedo más. El cansancio se ha apoderado de mi. Me levanto cansado, desayuno cansado, salgo de casa cansado, voy de camino al trabajo y solo pienso en lo cansado que estoy. Me preguntan en la oficina “¿Como estás Carlos?” y contesto únicamente: “Cansado”. Me siento en mi escritorio, trabajo y en ocasiones solo alcanzo a pensar en lo cansado que estoy y en lo cansado que voy a estar cuando termine de trabajar. Más tarde, al llegar a casa, sigo cansado y aunque consigo sacar energía para hacer ejercicio o ir a clase de neerlandés al acabar el día estoy increíblemente agotado.
Encima no sé de dónde viene. En algún punto de mi vida comencé a estar cansado, a no aguantar los viernes más allá de las diez de la noche y a no tener suficiente descanso nunca. Me imagino que en algún momento me dejé una siesta sin hacer hace doce años o así y voy a pasarme el resto de mi vida intentando recuperar esos treinta minutos. No lo se, pero estoy jodidamente cansado todo el tiempo y lo peor de todo es que ya no sé cómo descansar. Cuando era un bebé podía meterme el pie en la boca y descansar diez horas al día y a estas alturas y con el yoga adecuado…
En ocasiones pienso que debería de tomarme un descanso, cogerme un fin de semana, crearme un evento en Google Calendar de viernes a las 5 de la tarde hasta el lunes a las 8 de la mañana asunto: descansar y estar chill. Un descanso a tiempo completo, un fin de semana para no tener excusa para no dormir, competir en descanso, ser el mejor descansando en Bruselas, en Bélgica, en Europa, en el Mundo… ir a las olimpiadas de marmotas y ganarles a todos y después volver a casa y que me reciba el alcalde “Gracias a tu capacidad para descansar y tomarte los fines de semana de chill, has puesto a esta ciudad en el mapa, chico, te hago entrega de la llave de la ciudad de Molenbeek”. Sería tan bonito.
Pero esa no es la realidad porque aquí y ahora no sé cómo descansar. Ni siquiera puedo hacer honor a mis antepasado con una siesta aquí y allá. Soy el hazmerreír de todos los Jiménez Fabra que se han tomado profundas e interminables siestas antes que yo. No sé cogerme tiempo libre y dedicarlo a no hacer nada, liberar mi cuerpo de este peso que me oprime el pecho cuando abro ligeramente los ojos, dejar de pensar, dejar de preocuparme o dejar que mi cuerpo se libere de esa oscuridad que le dice a mi subsconsciente que no hay tiempo que perder.
Sé que no estoy solo. A mi alrededor todo el mundo está cansado. De todo. Cuando vivía con veinte personas en una casa en el centro de Bruselas bromeábamos sobre que todos teníamos deprivación de sueño y dolor de espalda. La oscuridad compartida es un problema sistémico no individual. Cuando ves que nadie puede permitirse una casa entiendes que no es culpa tuya como individuo sino que el sistema está hecho para que gente como nosotros no pueda permitirse una casa nunca. Si todo el mundo está cansado, a lo mejor no es porque prefiramos tostadas de aguacate a un colchón mejor. Quizás es que vivimos en un mundo que nos hace imposible descansar. El sistema te mira a la cara y te dice “¿descansar? Pa ke kieres eso jaja salu2”.
Creo que perder la capacidad de descanso es una de esas cosas que se siente como una enshittificación de la vida adulta. Al igual que las redes sociales son peores, las apps de mensajería son peores y los servicios de streaming son peores, ¿porqué el descanso no iba a ser peor también ahora que somos adultos? Descansar tiene tier premium y el precio ni siquiera puedes pagarlo ganando el euromillones.
Quizás haya que alejarse del mundo en si. Quitarse redes sociales, moverse a un sitio más tranquilo, trabajar para alguien más cercano a nosotros, buscar proveer a la sociedad de otra manera o algo así. Quizás no haya que ser tan radical y a lo mejor simplemente cultivando los hobbies que tenemos y quedando con amigos para fantasear con el final de esta era tardocapitalista y la ejecución pública de todos los señores feudales modernos que copan la lista forbes mientras pintamos cerámica sea un parche que nos permita dormir mejor. La revolución llegará y nos pillará cansados as fuck.
El sistema me ha exprimido como una naranja pocha y el fin de semana debería dedicarlo a descansar para recuperar el jugo y que el sistema me pueda exprimir otra semana más. Así funciona el sistema y a lo mejor la promesa del “trabaja duro para un futuro mejor” ya no funciona. A lo mejor el sistema ya no tiene carlota que ponernos delante y ahora necesita apuntarnos con un arma por la espalda para que sigamos labrando el huerto. Joder, soy el caballo de “Rebelión en la Granja”.
Tengo en mi mano un aparato que puede conectarme con cualquier persona en el mundo, mostrarme videos de gatos graciosísimos, enseñarme violaciones de la convención de ginebra y crímenes de guerra minutos después de que ocurran o hacerme un test para saber si soy autista en un espacio de cuatro minutos sin salir de la cama mientras intento recuperar el sueño. Y por el camino he conseguido esquivar a toda esa masa crítica de peña que está yéndose de vacaciones a Tailandia o Sri Lanka. Joder, soy el burro de “Rebelión en la Granja”.
Dejarme desconectado, la disociación última del mundo, es también un ejercicio de rebelión egoísta que inyecta un cóctel de culpabilidad que no me puedo tragar. Podría olvidarme de todos y de todo pero en mi última pirueta woke no puedo dejar de mirar y que otros hagan algo. Aunque al final sea solo hablar con otros, agotado de tanto hacerlo, estar informado de lo que pasa en el mundo es también una manera de poder mirarme al espejo.
No quiero ser pesimista pero me dije ayer que me iría a dormir pronto porque el mundo era demasiado y necesitaba descansar y me he levantado con un dolor de cabeza terrible y una sensación de no haber dormido nada. No he descansado y no creo que vaya a descansar demasiado el resto de mi vida. Algún día tendré que explicarle a mis hijos que un día me di cuenta de que no iba a dormir mucho más de seis horas al día porque el mundo era inaguantable y nadie sabía muy bien como desconectar el cordón umbilical que nos mantiene conectados. Que sabía que mirar a la pantallita era terrible pero que si no lo hacía no iba a poder sentirme bien conmigo mismo.
Sé que esto no es una simulación porque nadie puede escribir tan mal. Nadie puede hacer una historia tan sumamente compleja y darle al protagonista una sensación tan sutil de su insignificancia y que su realidad, la que alcanza a modelar y afectar, es tan limitada que la puede alcanzar con sus brazos y que el gran reloj del mundo que gira sin detenerse no va a dejar de avanzar por mucho que comparta doscientos reels o hable con cincuenta amigos que no creen en el feminismo. La insignificancia es enorme y la plenitud es el propósito que tenemos con las personas que nos rodean y queremos. Debería apuntar más bajo y mandarle esta newsletter a mi terapeuta.
Echo de menos cuando en Facebook compartíamos fotos de la fiesta de ayer, al menos entonces sabía porqué estaba tan jodidamente cansado.