Este texto mediocre existe
La creación artística en el mar de mediocridad de la inteligencia artificial
El arte es un proceso de transmisión de emociones, vivencias, historias y preocupaciones. Involucra a un emisor, un receptor, un mensaje y un canal. Cuando el artista crea, en el momento mismo que crea, no está creando arte. Está gritando en el vacío cósmico de la no-creación donde están todos los chistes que gracias a dios nunca salieron de la libreta de Luis del Val. Es un espacio vacío, quizás cerca del mundo de las ideas en el que lo que no se enseña no existe y donde Heisenberg debió de concebir su principio de incertidumbre. El arte no existe hasta que no es transmitido.
El arte es coger tu ego, ponerlo sobre una tabla de cortar, y cortar una fina loncha con el mejor y más afilado de los cuchillos que tienes en ese momento para marinarlo con salsa de soja, unas figuras literarias, dos arreglos florarles y ofrecérselo a todo el mundo para que lo pruebe. Sashimi de ego de Carlos. Deja una reseña en Google, espero que te haya gustado.
Últimamente mi proceso de creación ha variado entre los bloques cómicos, las rutinas de cosas sin sentido y la introspección. A veces muy pesado, a veces humo y a veces gracioso. Es agotador pero también divertido. Mi miedo, tanto escribiendo, tomando fotos o cocinando, es haber tocado techo. Que mi prime haya llegado, que los mejores tiempos de creación estén en el pasado y lo que quede sea una meseta de mediocridad y una larga travesía a través de la decadencia artística. Como una serie a partir de la quinta temporada. Como un buen grupo de música a partir del cuarto disco. Como un piti a partir de la tercera calada. O como una familia a partir del segundo hijo. Todo con el tiempo tiende a la mediocridad, no importa lo que sea, con el paso del tiempo será mediocre, mainstream, pasado de moda, antiguo, cansino, cuñado, pollavieja, estancado, repetitivo, cancelable o insensible.
Últimamente salgo con mucha gente mucho más joven que yo y es extraño ser el más viejo del grupo por primera vez. Como Bo Burnham en la canción “30”, solía ser el joven y ahora soy un viejales que quiere encajar pero no sabe bien como. Me imagino que la imagen desde fuera es dantesca, un treintañero con chavales de veintipocos. Pensarán que estoy intentando groomear a mis amigas. Si supiera hacer grooming podría ser un cómico de vanguardia, pero nunca he sabido cómo enviar DMs por Instagram y decirles a la cara eso de “eres más madura que las chavalas de mi edad” y ocultar la erección con la hevilla del cinturón.
Estoy revisando mis escritos del último mes y quiero pensar que a pesar de todo la meseta de la mediocridad está lejos, que queda mucho por mejorar y que aun queda tiempo para los buenos escritos y las buenas fotografías. Al fin y al cabo, tampoco tengo 27 años para pillarme un mal viaje de speedball, la mezcla de heroína y cocaína que se ha llevado por delante a John Belushi, Philip Seymour Hoffman o Basquiat y casi se lleva a Slash. Quizás debería dedicarme a crear y dejar mi ego a un lado por una vez en mi vida, dejar de pensar en qué pensarán y más en qué quiero crear. La composición artística es mucho más que crear para otros a pesar de que el arte en esencia sea hacer públicas las entrañas de tu mente.
Si tan solo pudieramos centrarnos en crear y aportar a la sociedad. Si tan solo la IA fuese una herramienta orquestrada por gobiernos para liberar a la masa laboral del yugo del trabajo y dejar que los humanos seamos válidos y dignos sin tener que recurrir al régimen de semi-esclavitud en el que nos encontramos en lugar de dejar el desarrollo y sustitución de puestos de trabajo en manos de megacorporaciones cuyos intereses son los de implantar un estado tecnofascista en el que el poder recae sobre empresas tecnológicas controladas por literalmente las peores personas que conoces para literalmente esclavizar sociedades enteras mediante la privatización de todos los aspectos de la vida. El trabajo dignifica y la droga es la auténtica salud.
La vida moderna es una suscripción a un servicio de streaming en el que el catálogo es cada vez peor, el precio es cada vez mayor y aun pagando te toca comerte anuncios. Todo lo que nos rodea me parece un sucedáneo de una forma de vida que ya no existe. El poder reside en personas que todavía vivieron un mundo real y tangible en el que las casas se podían comprar, el arte era creado únicamente por humanos, la valía de uno mismo recaía en su aporte a la sociedad y ser un nazi de mierda daba vergüenza. Si, la mujer estaba prácticamente esclavizada, el racismo estaba normalizado, internet era el salvaje oeste y el sida era una condena a muerte. Aún así quiero saber en qué momento el optimismo de antaño dejó paso a una realidad distópica sin un ápice de ilusión por el futuro en el que la IA es el artista y nosotros somos los esclavos de un creador que consume miles de millones de litros de agua para crear la versión de tu foto de perfil estilo estudio Ghibli.
Quien quiere ser artista en un mundo gris cuyo color lo aporta una caja negra mediocre entrenada con millones de gigas de conocimiento humano al que hemos jurado lealtad y fortuna y con la cual la creación artística está totalmente despojada de talento y en la que el mensaje es la única variable. El arte no es solo un mensaje. El arte es intención, es talento, es vivencias, es proceso y es intangibilidad. Miles de vivencias y días sobre la tierra, recuerdos, traumas y sueños, esperanzas y miedos. No considero artista a nadie que no pueda morir en un la taza del wáter ya sea de sobredosis o de fallo cardíaco intentando cagar. El artista muere y el artista es responsable. Y ahora, si me disculpan, tengo una newsletter que escribir.