Ensalada de rúcula

¿Os acordáis de las recetas de color verde?

Otro recuerdo a cuenta de una situación personal actual

¿Os acordáis de las recetas de color verde?
Carlos

La tos es improductiva pero yo sigo teniendo que cotizar. Llevo unas semanas pocho. Problemas intestinales, una gripe renqueante y ahora una tos que no me deja descansar. Me duele la cabeza de coser -cof cof cof-. Por favor que un agente de ICE amablemente me vuele la tapa de los sesos. Solo quiero descansar.

Decía que esta cuesta de enero era una etapa grande del tour y me quedé corto. Estoy enfermo, yo y todo el mundo a mi alrededor. El invierno es para tomar chocolate caliente, festejar la navidad, disfrutar de la nieve y ponerse malo. Nadie de más de treinta años pasa estas 12 semanas sin toser, entrar en febrícula o cagarse encima al menos una vez. Es una ley, Pedro Sánchez me lo ha dicho en un sueño febril que tuve el otro día -cof cof-.

En mi casa ponerse malo implicaba molestar. No sé porqué. Me imagino que alguien no me dijo que no era culpa mía cuando tocaba o se cabreó conmigo y desde que tengo memoria pido perdón por estar malo. “Perdona por tener linfoma de hodgkin”. Suena estúpido pero yo lo haría. Cuando me ponía malo esperaba hasta el último momento para avisar a mis padres. Una vez vomité al lado de mi cama durante la madrugada y para no molestarles decidí medio recogerlo como pude y a las nueve mi madre se levantó y al venir a despertarme solo pudo decirme “Qué olor, es que has vomitado?”. Estuve tres semans con una grastroenteritis a la que cogí cariño, y ella a todos mis calzoncillos -cof cof cof cof-.

En mi casa ponerse malo era llamar a la puerta de la habitación de al lado. Mi padre era el santo. El doctor. El matasanos. El recetario. El bro. El máquina. El crack. El helicóptero apache. El que nos trataba y medicaba como se le antojase. -cof cof cof- Perks de tener un padre médico, no aprendes como funciona la seguridad social hasta que te mudas de casa de tus padres. Al final, de observar a tu padre también aprendes cómo y qué tomarte según qué cosas te ocurren. Algo así como asistente al que nadie ha pedido ayuda pero que casualmente acierta en la solución. Llevo haciendo de falso médido desde que tengo memoria aunque mi hermana es la verdadera MVP. Podría pasar consulta y cobrar. Sabe de lo que habla.

Estar enfermo estuve enfermo muchas veces. Pero estar rodeado de personas que trabajan en un hospital también me enseñó como actúa un enfermo y, algunas veces, hice gaslighting a la habitación de al lado. Un trimestre me puse malo casi una semana para terminar trabajos de dibujo que tenía atrasados, y aun así suspendí. Otro trimestre, convencí a mi profesor de gimnasia de que los jueves a primera hora tenía análisis de sangre para mi enfermedad de la piel que me inventé, y aprobé. -cof cof cof- Sin hacer una sola voltereta. Sin saber hacer volteretas. A veces funcionaba y a veces no.

Otra cosa que aprendí es a curar heridas. A saber cómo limpiar, desinfectar y cerrar heridas del día a día. Siempre quejándome de la falta de gasas y la mierda de apósitos que venden por ahí porque mi padre tenía los mejores. Aprendí cómo funcionaba el betadine o el suero con menos de diez años y hasta ahora siempre me han fascinado. Charles From Miami de noche, Doctor Carlos Betadine en mano de día. He curado a amigos, familia, novias, desconocidos… pero al que más he curado es a mi mismo. Tengo un imán para estar a punto de perder miembros.

He tenido infinidad de heridas, cortes, roturas y demás percances que han involucrado visita a urgencias, cura y vacuna del tétanos. Muchas. Tantas visitas, que hace año y medio pisé un clavo oxidado mientras estaba en el campo (porque las tradiciones hay que mantenerlas) y cuando fui a que me pusieran la antitetánica me avisaron que tenía las mismas dosis que una persona de 65 años. -cof cof cof- Que hasta la jubilación ya no me tocaba. Que demasiadas mierdas me han pasado, y es que son muchas.

La vez que casi pierdo el ojo con un tirachinas, la vez que cerré la puerta del coche y me pillé mi dedo gordo, la vez que chuté un balón de fútbol y le di al bordillo, la vez que un amigo de clase me pegó una pedrada en el mentón, la vez que me caí de un caballo porque mi padre no ajustó bien el sudadero, la vez que me caí en casa y un bordillo me abrió una brecha en el tobillo o la vez que me corté un trocito de dedo poniéndole el protector a un cuchillo de cocina. Y me dejo muchas otras: accidentes de coche, de bici, lesiones jugando a tenis, hematomas óseos saltando el cajón de Crossfit…

Quiero que mis hijos no estén tan cerca de perder algún miembro tantas veces. Quiero que las posibilidades se reduzcan a la mitad. -cof cof cof- No quiero que con cuatro años estén a punto de morir y se pasen el resto de su vida obsesionados con la muerte. Y si no puedo evitar lo primero intentaré evitar lo segundo con todo lo aprendido sobre curar heridas que no he aprendido de mis padres.

Ellos sabían curar heridas, recetar analgésicos (con ese talonario de recetas verde enorme) e identificar cuando es un virus o una bacteria por el color de la garganta, pero no tenían las herramientas para tratar todo lo demás. Emocionalmente no estaban preparados, hicieron lo que pudieron, que probablemente no era lo suficiente, pero no puedo pedirles más ahora. Solo puedo esperar ser mejor que ellos y hacerlo lo mejor que pueda. Y a lo mejor mis hijos pueden ahorrarse toda la parte que me tocó a mi vivir y resolver solo cuando ya era hijo de la vida y no dormía bajo su techo. Porque las heridas que ellos curaron eran las que se veían pero las que trato con mi terapeuta son las que no me dejan dormir.

También espero mejorar la comunicación con ellos y saber si están malos o solo quieren evitar hacer el ridículo y potencialmente romperse el cuello intentando aprender a hacer una voltereta. Joder, es que no sé hacer una voltereta, estaba malo cuando lo dimos en clase.

-cof cof cof- Joder, esta tos me va a llevar a la tumba.

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Carlos

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